sábado, 26 de noviembre de 2011

La matanza de Ranquil, 1934.



El silencio de la historia oficial de una de las matanzas más sangrientas ocasionadas por el estado chileno en contra de los campesinos-mapuches de la zona de Ranquil, deja en evidencia la represión propiciada bajo el gobierno de Arturo Alessandri Palma en el año 1934. Este suceso que la memoria oficial ha invisibilizado de los discursos históricos escolares y civiles, posee un lenguaje propio como memoria de resistencia de trabajadores y campesinos quienes abiertamente son explotados por latifundistas y terratenientes de la clase dominante. 


En efecto, el proceso de "Ocupación de la Araucanía" en el siglo XIX, significó que un gran número de mapuches Pewenches fueron reducidos de sus tierras ancestrales para quedar re-distribuidos en las altas tierras de la cordillera, junto a los campesinos chilenos pobres. Sus tierras quedaron en manos de latifundistas chilenos y extranjeros respaldados por el gobierno. 

Labrar, cultivar y habitar la tierra ha sido uno de los derechos históricos – naturales que poseen tanto campesinos y mapuches. 

Arturo Alessandri Palma otorgaba los títulos de propiedad a la Sociedad Puelma favoreciendo a los latifundistas. Luego de la resolución establecida, los campesinos fueron desalojados, sus cosechas y casas fueron quemadas, por lo que tuvieron que refugiarse más arriba en la cordillera, sufriendo escases de alimentos y las duras condiciones climáticas. 

En el invierno de 1934, el desalojo, la hambruna, el frio y la resistencia se articularon, dando paso al levantamiento campesino, obrero y mapuche de la zona de Ranquil. En defensa de la organización sindical, de las tierras y la dignidad como trabajadores.  

Militares y carabineros, con apoyo aéreo, se internaron en el sector para torturar, violentar mujeres, mutilar y matar a mapuches y campesinos que se encontraban en los asentamientos. Los cuerpos de hombres y mujeres fueron arrojados a los profundos ríos nacientes de la cordillera. La desintegración de la población fue total, los sobrevivientes se internaron en la espesura de los bosques atravesando la cordillera e instalándose en estancias y haciendas argentinas. 
Las muertes bordearon las 60 personas oficialmente reconocidas. Sin embargo, fueron aprisionadas 500 y llevadas desde Lonquimay a Temuco, de los cuales solo llegaron 32. 
Esta experiencia fue un referente para posteriores organizaciones campesinas, sindicales y proletarias del siglo XX. La matanza de Ranquil se presenta en la historia como una experiencia de resistencia y organización sindical para hacer frente al empobrecimiento de forma colectiva.

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